Suelo y biodiversidad

El suelo y su relación con la biodiversidad son claves en el huerto. La base de la agricultura ecológica es considerar el suelo como un ser vivo. Cuando el suelo es sano, las plantas que crecen en él son sanas.

Qué es el suelo

El suelo funciona como un ecosistema, y él mismo forma parte de un ecosistema mayor. En el suelo concurren distintos elementos, y las relaciones que se establecen entre todos estos elementos crean las condiciones de fertilidad que permiten crecer a plantas sanas y fuertes.

Cómo funciona un ecosistema

En un ecosistema los elementos que lo componen establecen relaciones entre ellos que contribuyen a la estabilidad del conjunto. Estas relaciones crean condiciones de resiliencia que permiten que el ecosistema se autorregule en condiciones adversas. Los ecosistemas evolucionan hasta las condiciones de máxima estabilidad entre sus elementos. Llegados a este punto se conocen como ecosistemas clímax. En un ecosistema clímax las relaciones entre elementos son de una enorme complejidad, y el enorme número de elementos presentes se expresa en forma de biodiversidad. Ejemplos de ecosistema clímax son los encinares, la selva tropical o los arrecifes de coral.

En lo que concierne al suelo, cuando forma parte de un ecosistema clímax tiene unas condiciones ideales determinadas por el gran número de elementos que conforman el ecosistema. En el caso de un hayedo -por poner un ejemplo- los elementos del ecosistema que acaban constituyendo las condiciones del suelo son las propias hayas y las hojas que pierden cada año, pero también las setas, los pájaros y los zorros que puedan habitar en el hayedo.

En cambio cuando el suelo forma parte de un ecosistema que no es clímax, o que está degradado o en desequilibrio, también refleja estas condiciones.

El reto de la biodiversidad

Así pues la biodiversidad en nuestro huerto tiene un reflejo en el suelo. No funciona igual el suelo de un huerto en el que los márgenes están desnudos y no crece ni una brizna de hierba aparte de las hortalizas, que un el suelo de un huerto con los márgenes llenos de vegetación y abundantes flores y plantas -aparte de las hortalizas- que se convierten en refugio de fauna auxiliar.

En nuestra época la biodiversidad en todos los ecosistemas está gravemente amenazada, en parte por el calentamiento global, y en parte por el abuso extendido de insecticidas y fungicidas en la agricultura, entre otros factores.

Así pues cultivar un huerto orgánico y cosechar nuestras zanahorias y tomates se convierte también en una oportunidad de crear un refugio de biodiversidad y de lucha contra los grandes retos ambientales de nuestro tiempo como el cambio climático. Las acciones técnicas concrets para restituir la fertilidad perdida de los suelos reciben el nombre de agricultura regenerativa.

La historia del suelo y la biodiversidad están relacionadas

Para comprender el suelo, su composición y funcionamiento, es de ayuda conocer su historia geológica.

En un primer periodo el planeta Tierra era en su superficie un montón de rocas diversas sometidas a cambios por el viento y la lluvia. Cuando el mar hervía de vida primitiva sobre estas rocas se asentaron los líquenes, algas y musgos. Su actividad contribuyó con la meteorología a pulverizar la superficie de las rocas. Junto a esta pulverización se añadía la materia orgánica muerta. De esta forma tan lenta se forman los primeros suelos, que necesiten miles de años para crear una porción diminuta de suelo como lo conocemos hoy en día.

Cuando esta pulverización de la roca produce porciones menores a 256 partes de un milímetro, adquieren propiedades químicas que se asocian con la escasa materia orgánica procedente de líquenes, algas y musgos muertos. Así se forma por primera vez el Complejo Arcillo Húmico (CAH), que se convierte en el hogar de minúsculos microorganismos.

Con el avance de las eras geológicas la superficie de las rocas del planeta se va poblando con plantas, que al morir se transforman en materia orgánica (MO) que se incorpora al suelo, y a su vez construye más suelo para nuevas plantas. Todas estas plantas pueden aprovechar los nutrientes del suelo a través del CAH, que cada vez es más complejo.

Esta evolución da cobijo a los animales de todo tipo que emergen del mar y aprovechan la energía procedente del sol que sintetizan las plantas a través de la fotosíntesis. Se forman los ecosistemas complejos estableciendo relaciones biodiversas entre los elementos vegetales y animales que los forman. Todos estos animales distribuyen esta energía en forma de hidratos de carbono en los distintos ecosistemas, hasta nuestros días. De modo que podemos afirmar que el suelo fértil es la base de la vida en la superficie de nuestro planeta.

Fertilidad del suelo

En resumen, la presencia de arcilla en el suelo, y la presencia del CAH determinan la fertilidad del suelo. En un huerto, no tenemos un suelo como el de un ecosistema clímax, pero con la ayuda del compost podemos llegar a construirlo artificialmente. De ahí la importancia del compostaje en la agricultura ecológica. El compost aporta materia orgánica y microorganismos, que con las arcillas presentes en todos los suelos hacen posibles las condiciones para que las plantas absorban los nutrientes minerales que precisan para su desarrollo. Cultivar es, de hecho, la acción de construir suelo fértil.

Clasificación de los suelos

Desde una perspectiva tradicional, los tipos de suelos se clasificaban según su granulometría.

  • los suelos arcillosos contienen una mayoría de partículas menores a 256 partes de milímetro. Son suelos duros y drenan mal el exceso de humedad.
  • los suelos francos contienen una mayoría de partículas entre 56 y 256 partes de milímetro. Son los suelos que retienen mejor la humedad y se consideran los ideales para la agricultura.
  • los suelos arenosos contienen partículas de roca madre de menos de 56 partes de milímetro. Retienen mal el agua, que tiende a llevarse consigo parte de los nutrientes que contenga el suelo.

Las diferentes proporciones entre las tres composiciones dan lugar a numerosas clasificaciones de los suelos.

Composición de un suelo sano

Un suelo sano reúne las siguientes condiciones:

  • arcilla en algún grado, para formar el CAH
  • materia orgánica, para formar el CAH
  • microorganismos que forman parte del CAH
  • microorganismos y organismos que descomponen la materia orgánica fresca, como los hongos y algunas bacterias
  • nutrientes para las plantas, nitrógeno, fósforo y potasio (NPK) en primer lugar pero también oligolementos imprescindibles para los procesos químicos de la vida de las plantas.
  • «bichos» de todo tipo desde lombrices hasta insectos pasando por arácnidos como el pseuescorpión, miriápodos, nemátodos, y un sinfín de otros organismos que forman la fauna del suelo.
  • humedad para favorecer los intercambios químicos y la absorción de la misma por parte de las plantas
  • PH adecuado. El PH mide la reactividad química del suelo y tiene una relación directa con los nutrientes que precisan las plantas. En base al PH tenemos suelos ácidos o suelos alcalinos.
  • aire para permitir la respiración del CAH y también de toda la fauna del suelo. En ausencia de aire el suelo desarrolla patologías diversas.

Patologías del suelo

Así como hay ecosistemas en desequilibrio, hay suelos en desequilibrio. Estos desequilibrios pueden proceder de la actividad humana, pero también tienen su origen en causas y condiciones naturales. Los hidromorfismos se forman por una presencia excesiva de agua en determinados biotopos. O el CAH se encuentra desestructurado o no existe en los suelos de arena aluvial. Y en algunos casos la compactación del suelo conduce a procesos anaeróbicos mórbidos.

Por otro lado una práctica inadecuada en el huerto puede conducir a desequilibrios por la propia acción de cultivar.

Suelos equilibrados

Son los que reúnen las condiciones para ser el máximo de fértiles que puedan llegar a ser, y pueden mantener estas condiciones por sí mismos si no se interviene en ellos de ningún modo.

Suelos desequilibrados

En este caso factores externos crean condiciones en el suelo que no le permiten ofrecer la máxima fertilidad potencial que pueda llegar a ofrecer. Los suelos desequilibrados reúnen las condiciones para que por ellos mismos restitutayan las condiciones de un suelo equilibrado. Este proceso requiere de mucho tiempo.

Suelos muy desequilibrados

En este caso las condiciones que reúne el suelo impiden que por sí mismo pueda restituir las condiciones para una fertilidad óptima. Si no se interviene, el suelo no deja nunca de estar desequilibrado. Si llega a modificar esta condición es a lo largo de décadas o más tiempo.

Regeneración del suelo

Los suelos desequilibrados y los suelos muy desequilibrados pueden regenerarse para restablecer la fertilidad perdida.

Las intervenciones a realizar son distintas según la patología. Las distintas plantas silvestres nos indican claramente el tipo de patología y las intervenciones más oportunas para cada caso. Esto se debe a que las condiciones del suelo favorecen la germinación de unas malas hierbas u otras en función del estado en que se encuentra. De este modo la presencia de las malas hierbas nos dice si un suelo está equilibrado, desequilibrado o muy desequilibrado.

La obra de Gérard Ducerf ha abierto un nuevo campo en este sentido, que desde la óptica del diseño en permacultura y la agricultura ecológica abre un nuevo mundo de posibilidades en la relación entre suelo y biodiversidad.

Plantas bioindicadoras en suelos equilibrados

Plantas bioindicadoras de suelos desequilibrados

Plantas bioindicadoras de suelos muy desequilibrados

Labrar o no labrar

Existe en el sino de la agricultura orgánica y la permacultura un movimiento creciente que denuncia los efectos perjudiciales de la labranza sobre el suelo. Este movimiento tiene su base en la observación de la resiliencia de los suelos en ecosistemas clímax, y en el huerto es deseable reproducir estas condiciones para aprovechar el máximo de fertilidad que seamos capaces de ofrecer al suelo. Un suelo equilibrado de este tipo aloja una diversidad biológica que se traduce en cultivos sanos y resistentes.

No obstante en condiciones de suelos desequilibrados y sobretodo muy desequilibrados, la labranza puede ser una intervención necesaria para restituir la salud en el suelo. Cuando nosotros mismos estamos sanos provocar un vómito puede ser contraproducente, pero cuando ingerimos un tóxico el vómito es imprescindible. Pasa lo mismo con labrar suelos que no estén equilibrados.

Biodiversidad por la flora auxiliar

La flora auxiliar del huerto es el conjunto de plantas beneficiosas para el huerto. En algunos casos contribuyen a prevenir plagas, en otras atraen polinizadores, y en general aumentan la biodiversidad en el huerto con el consiguiente beneficio para los cultivos. Suelo y biodiversidad guardan una estrecha relación en los huertos permaculturales y agroecológicos.

Biodiversidad por la fauna auxiliar

Del mismo modo, la presencia de animales de distinto tipo es deseable para crear condiciones de mayor complejidad en la relación entre los distintos elementos del huerto y su funcionamiento como ecosistema. La fauna auxiliar deseable es principalmente la que componen los depredadores de las plagas, pero aves de corral y fauna salvaje también pueden cumplir una función beneficiosa en el huerto.